Al hablar de valores defendemos principios, ideas que mueven a la persona al enfrentarse a la vida.

Un centro de enseñanza no sólo se dedica a la formación, es imprescindible desarrollar valores para complementar la vida del alumno aprovechando un lugar idóneo como las aulas, donde docentes y alumnos dan vida a: la honestidad, el trabajo en equipo, el profesionalismo, valores humanos, la amistad y  la transparencia, entre otros conceptos.

Los valores vienen marcados por la familia, referentes y la enseñanza, recorriendo el camino guiados por autores e instituciones que tienen como eje principal el desarrollo personal, la orientación y la responsabilidad ética. Concretamente, dentro del desarrollo personal, llegar a tener autoconfianza, autoestima y/o autorrealización pasa a ser un acto de valentía; enfrentarse al conocimiento, a lo desconocido, es un gesto de perder el miedo o, mejor aún, tener el arrojo y la entereza para afrontar nuevas experiencias confiando en las facultades de decisión y raciocinio. La orientación tiene dentro de sus acepciones la acción de aprender a ser guiado. Esta idea en la enseñanza se traduce en aprender a ser alumno, punto de partida para adquirir conocimiento. Saber que conocer no es sólo memorizar, sino apreciar que el camino es reflexionar y analizar antes de postular, es decir, el proceso es tanto o más valioso que el resultado. Dar este paso de gigante es posicionarse ante  diferentes facetas de la vida con hábitos de trabajo que guiarán  a la persona no sólo en el mundo académico. Por lo que se refiere al desarrollo ético hay que hacer referencia a que el alumno  para llegar a tener una perspectiva de la sociedad, más completa y hacer un juicio social, tendrá más herramientas y argumentos que le facilitarán posibles conflictos éticos y mayor conciencia social si ha trabajado el desarrollo del sentido ético.

Al maximizar  “en el fondo es un buen chico” para suplir carencias cuando el esfuerzo escolar no ha sido el suficiente, claramente se hace una desafortunada o inexacta valoración de la persona y, a veces, estigmática, ya que el alumno puede asimilar ese comentario, poco preciso y sobre todo superficial, a su propia personalidad y correr el riesgo de adoptar ese rol no únicamente en su carrera académica. Es aquí donde la enseñanza, junto a los padres y a la comunidad, debe profundizar y trabajar para crear una buena predisposición del alumno ante la posibilidad de adquirir conocimientos nuevos.

Iván Toboso